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SAN SEBASTIAN - LOS MORRACHES

La botarga, morrache, guirrio, sidro o zamarrón es un personaje de origen pagano, procedente de la mitología celta prerromana, que fue incorporado a las festividades católicas como representación del jolgorio y de la lujuria. Son tradicionales en distintos lugares del centro y del norte de España, principalmente de Castilla, Galicia, Asturias, País Vasco y Navarra, aunque como festividad cristiana fue trasladada a otras regiones de España y de Hispanoamérica. Sus atributos varían según las zonas, pero suelen consistir en una máscara, traje de colores vivos, rabo y genitales bovinos. En ocasiones llevan cuernos, y en la mano portan siempre un instrumento de azote, sea látigo, cachiporra o, en ocasiones, castañuelas. Suele acompañarse de un bastón en la otra, con el que marcan el ritmo cuando se presentan conjuntamente con danzantes.

morrachespequetraSegún determinada reinterpretación fruto del sincretismo cristiano y pagano representaría a los soldados del emperador, compañeros de Sebastián quienes, impelidos por Maximiano a ejecutarle, se taparon la cara con máscaras para no ser reconocidos, cuando le asaetaron. El mono-traje, rematado con capucha y coleta, se viste de los colores rojo, verde y amarillo combinados, alternativa y aleatoriamente, por parejas y
 adornado con corazones del color restante, se complementa con zumbas, cencerros, gandarros o esquilillas, que, fijadas en la parte trasera de la cintura mediante cintos, cinchas o cuerdas, hay que hacer sonar de una determinada manera y con una cadencia definida moviendo el culo verticalmente y una porra o cachiporra, con la que se amenaza, simbólicamente, a la imagen del santo. El rostro se oculta con caretas, generalmente de motivos o personajes terroríficos. Como en otros muchos lugares de la geografía española (y de sudamérica, en donde, posiblemente, los españoles importamos la tradicción), son los morraches los que aportan el colorido, la originalidad y el tipismo a la fiesta. Antiguamente recorrían las casas del pueblo, sobre todo los bares y tiendas, para pedir y recoger artículos que, posteriormente, donaban para ser subastados en las "pujas" del santo, cuyo dinero iba destinado a sufragar los gastos de la fiesta y, muy ufanos, se paseaban colgados del brazo de las mujeres, mozas en mayor proporción como es lógico, hasta el pórtico de entrada a la iglesia, realizando la doble función de guía y protector frente al acoso del resto de sus compañeros. La hermandad de San Sebastián proporciona los trajes y demás aditamentos para que se vistan los quintos (y otras personas que no son quintos si sobran trajes) pero la mayoría de los morraches son vecinos del pueblo, de cualquier edad y sexo (cuando yo era joven todos los morraches eran hombres, pero actualmente se visten de cada vez más, eso sí todavía minoritariamente, mujeres) que disponga de la indumentaria y los complementos.

— Lo más probable es que los morraches procedan de una festividad pagana primitiva (de origen celta ) que emparenta con las populares botargas alcarreñas de Guadalajara (las de Mazuecos - botarga de la Virgen de la Paz -, Montarrón - botarga de San Sebastián-, Robledillo de Mohernando, Alarilla, Fuencemillán - botarga de San Pablo-, Humanes de Mohernando, Málaga del Fresno, Valdenuño, Arbacón y Retiendas entre otros) y otros lugares castellano manchegos . Para corroborar el parentesco sólo hay que constatar la similitud de la indumentaria o traje y o acudir al Diccionario de la Real Academia en su acepción sobre la botarga, que sería "vestido ridículo de varios colores que se usa en algunas representaciones teatrales y carnavales " y el nombre de la persona (de aspecto abotargado por la ropa de debajo) que porta el traje.

El investigador de costumbres, José Ramón López de los Mozos, piensa que parece evidente que las raíces de la fiesta de la botarga se hunden en una “teoría vegetal”. Así, la leyenda de la botarga se originó con la creencia de que existían ciertos genios del bosque que, con su magia, influían en el crecimiento de las cosechas. Con sus danzas, animaban el crecimiento de los cereales, permitiendo a los habitantes de los pueblos contar con más alimentos y ser más felices. Ya antes de que las legiones romanas hicieran suyo el Occidente europeo, las tribus celtas realizaban rituales en los meses más crudos del invierno invocando al dios Imbolc para ahuyentar los “malos” espíritus del frío y permitir la llegada de la primavera, etapa de florecimiento y fecundidad de la naturaleza. “Serían una especie de genios del bosque, unos diosecillos de segunda categoría por así decirlo, que con sus saltos y los toques, por magia simpática, harían crecer las cosechas y por tanto el pueblo tendría cosechas más ricas y podría comer, siendo más felices”, apunta López de los Mozos.

— La sinergia de esta festividad pagana con la instauración de la fiesta cristiana en honor a San Sebastián intenta, de algún modo, cristianizar al personaje y nace la interpretación según la cual los morraches representarían a los compañeros de Sebastián quienes, impelidos por Maximiano a ejecutarle, se taparon la cara con máscaras para no ser reconocidos, cuando le asaetaron. Para mí esta explicación es fruto del sincretismo a que tan proclive es la tradición cristiana para absorver, adaptar y sustituir las festividades populares paganas por las religiosa, a partir del siglo IV en que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano y que, problablemente, en nuestro pueblo ocurriría al tiempo (o posteriormente a) de la constitución del señorío en la Edad Media. "El cristianismo al asimilar e incorporar dentro de sus ceremoniales estas manifestaciones, lo hizo desde sus presupuestos morales y convirtió a los miles de espíritus agrarios, pecuarios o invernales, en una caterva de demonios danzantes en medio de sus procesiones o actos religiosos, descontextualizando todos sus elementos y convirtiéndoles en pobres fantoches detrás o delante de un santo, sometidos al poder divino".

Si suponemos, pues, que los morraches son personajes procedentes de una festividad celta pagana que fueron asimilados posteriormente por la festividad religiosa solucionaría los anacronismos y despejarían algunos interrogantes:

— Las caretas, porra y atributos "bestiales" de los morraches (como de la botarga) servirían para completar el ritual y hacer cumplir uno de los principales objetivos de la figura, que es la de espantar y despejar las tinieblas y la oscuridad del invierno así como a malos espíritus, epidemias y catástrofes que pudieran amenazar al pueblo o a la comunidad, alejándolos definitivamente de los sitios que se pretenden purificar con tales manifestaciones.

— En cuanto al traje haría referencia a las fuerzas de la naturaleza con sus colores más característicos que son el amarillo, verde y rojo, para invocarlas de algún modo y así propiciar y favorecer que el nuevo año traiga abundantes cosechas. No olvidemos que el color amarillo hace referencia al sol como fuente principal de energía que se hará cada vez más patente con el inicio del nuevo año que comenzará en primavera y que estrenará un nuevo ciclo vital del hombre para despertar la fecundidad de la naturaleza. El color verde aludiría a la naturaleza ya despierta por el calor del sol en el verde de sus campos y el color rojo a las cosechas y frutos que la naturaleza ha de terminar dando a partir del solsticio de verano.

He encontrado una segunda teoría (en mi opinión no excluyente ni en contradicción con la anterior pues es una adaptación cristiana posterior), relacionada con su forma de vestir, que expone que los morraches (la botarga) eran personajes arlequinados pedigüeños que, en la época medieval, viajaban por los pueblos. Para conseguir que los campesinos les diesen dinero, realizaban actuaciones en las que llevaban a cabo piruetas divertidas, terminando siempre caídos por los suelos, para arrancar las risas – y las monedas – del público.

+ Galería Fotográfica Morraches.

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